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El cuentapropista y la disciplina social
El Orden Social
El valor de una sociedad civil siempre está condicionado por el nivel de desarrollo que sus habitantes logren alcanzar. Todos los sociólogos contemporáneos coinciden en clasificar el factor humano como el recurso más importante de un sistema social, superior a las condiciones polÃticas o económicas que rijan en un paÃs.
En el campo de la sociologÃa es irrebatible el principio que identifica al elemento humano como el primordial para condicionar las formas en que se manifestarán los medidores restantes en un medio social. El factor humano influirá de manera directa en los demás factores que componen el espectro de un sistema social.
Empleando palabras más elementales podemos decir que de manera individual, las personas que conviven en una sociedad civil serán más educadas y organizadas en la medida en que más se desarrollen como miembros de un sistema social. El desarrollo del sistema social entonces será directamente proporcional a los niveles de educación, calificación y comportamiento de sus miembros.
Comúnmente existe el error de asociar la conducta social con la calificación profesional de las personas, cuando no existe una relación directa entre ambos indicadores.
Usted puede tener una alta calificación profesional y por su irrespeto a las normas de convivencia, su divorcio con las nuevas formas y su incumplimiento del orden social, ser una persona de una pésima conducta social.
La conducta social es una caracterÃstica exclusiva del género humano y viene asociada directamente a la capacidad de las personas para vivir en sociedad, para reprimir el deseo de favorecer sus intereses personales y asumir la importancia que tiene para la sociedad, que lo que prime sea el beneficio colectivo de todos los miembros de la comunidad.
Es el arte de lograr el equilibrio perfecto entre la voluntad en interés de todos y la voluntad de cada uno por separado.
Es dejar de pensar en uno mismo como unidad básica de su universo, para sentirse como parte de un grupo social, de una convivencia colectiva.
EgoÃsmo vs. Solidaridad humana. Desorden Individual vs. Orden Colectivo
En tal sentido, para las personas individuales, ser parte de la colectividad es asumir que la disciplina social no es una imposición de otros contra su persona, sino una manera de convivir socialmente, ajustando la conducta de cada uno hasta lograr una uniformidad que permita proteger y representar los intereses de todos los miembros de la sociedad.
Hay una contradicción fundamental que siempre se manifiesta en la esencia de todo orden social. Sucede que estos sistemas de convivencia colectiva, bajo reglas comunes, y un respeto por el interés general de todos los miembros de la comunidad, solo se puede lograr y sostener si cuentan con el convencimiento individual de cada persona o miembro, solamente si los ciudadanos se posesionan del valor de su papel dentro de la comunidad.
Únicamente perdura el sistema social en los lugares donde cada ciudadano asume sus derechos y deberes sociales.
El sistema como tal depende de que cada persona reconozca la necesidad de un órgano de poder al que debe subordinarse. Que las personas comprendan la importancia de una entidad de control social a la que deben supeditar su voluntad individual, para que prevalezca la voluntad del grupo social.
Es decir que el papel individual de la persona es fundamental para lograr la identidad social del grupo.
La indisciplina social
Un fenómeno universal corroe el orden social a nivel mundial. Se trata de las constantes manifestaciones de actos de indisciplina social.
Aparentemente, por la confluencia de diferentes causas, ha comenzado a manifestarse de manera ascendente y peligrosamente uniforme, el fenómeno de la indisciplina social.
Cabe señalar que dentro de toda sociedad organizada siempre existe la necesidad de garantizar la práctica de medidas coercitivas para controlar y reprimir la actitud individual de ciertos miembros del grupo social, que violentan el orden o desconocen las normas de convivencia.
Siempre se ha mantenido la estructura que permita reprimir a quienes renuncian a defender el sentido general de la socialización del sistema y pretenden imponer su forma individual de prevalecer, a expensas de perjudicar al resto de los miembros de la sociedad.
Estas estructuras además de reprimir las conductas impropias resultan ser una herramienta persuasiva para que otros miembros se abstengan de actuar en perjuicio de la comunidad.
Cuando nos referimos a estructuras coercitivas estamos hablando de instituciones como la policÃa, el sistema de justicia, las contravenciones o multas, las cárceles, etc.
Pero independientemente de la presencia de estas estructuras de garantÃa, en los últimos tiempos se nota que hay una escalada desproporcionada de los actos de indisciplina social en los diferentes sistemas polÃticos del mundo. Una especie de incremento de la violencia ciudadana, un aumento en el grado de desacato a las normas de convivencia, un irrespeto al orden social.
Esta corrosión en la disciplina social repercute en el nivel de vida de los ciudadanos, limita sus libertades ciudadanas y necesariamente obliga al aumento de los sectores coercitivos con que tiene que contar la sociedad.
En los periodos de crisis económica es cuando se manifiestan los mayores niveles de desorden social, los momentos de mayor indisciplina y de una alta incidencia en la comisión de hechos delictivos.
Pero en la actualidad algo está cambiando con respecto a las reglas del fenómeno de la indisciplina social. Lamentablemente, el desorden social ha tomado vida propia en los últimos años y se manifiesta de manera independiente al estado de la economÃa o la presencia de crisis o bonanzas en los mercados.
El desorden social ha comenzado a manifestarse como un fenómeno constante, un indicador que acompaña permanentemente a la estructura social y que sostiene una tendencia a crecer, a aumentar como práctica negativa en la sociedad.
El desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad y el nivel de dependencia de las personas del empleo de equipos de uso personal, como computadoras, ordenadores y sistemas virtuales, ha repercutido en una disminución de las actividades sociales, de los eventos en que los ciudadanos participan en común y ha desarrollado el individualismo de las personas. Con ello se ha perdido en parte el concepto de grupo o la necesidad de representar el interés colectivo primero que los intereses individuales.
El ser social comienza a autocensurar su participación en todos los sectores de la sociedad, limita su radio de acción y establece como suyo solo el territorio de su vivienda, el área de trabajo o la zona que ocupa su grupo familiar.
Hay que recuperar los vÃnculos sociales de antes, llegar a los niveles en que exista una participación social activa entre todos los miembros, defender el concepto de que socializar es una condición innata en cada individuo.
La principal vÃctima de la indisciplina social siempre está en los segmentos de participación colectiva en la sociedad. Al ser áreas sociales y no individuales, las personas no las llegan a reconocer como suyas y las convierten en los blancos de sus violaciones, irrespeto y mutilaciones del orden social.
Independiente de si se tratan de zonas de esparcimiento, servicios o de libre disposición para todos los miembros de la sociedad, estos espacios colectivos serán dañados de manera constante por los transgresores del orden social.
Otro aspecto preocupante son los niveles demográficos de los transgresores del orden social. Cada vez el nivel mÃnimo es más bajo. Quiere decir que las violaciones del orden social son cometidas por personas cada vez más jóvenes, con lo que los sectores de los transgresores siempre están ligados a los grupos sociales más nuevos de la sociedad. Un triste futuro para la humanidad si se renunciara a rescatar la conducta de estas personas.
Cuba
El caso de Cuba no dista mucho del patrón de conducta que se manifiesta internacionalmente.
La indisciplina social manifiesta un incremento con respecto a décadas anteriores y es un tema que preocupa a los investigadores sociales del paÃs.
El fenómeno del individualismo que tanto daño ha provocado a nivel mundial, en Cuba se ha visto reforzado por las condiciones de aguda crisis económica que padece el paÃs. La
conjunción de estos dos fenómenos parece incidir en el crecimiento de las conductas negativas o indisciplinas sociales.
Pero una buena noticia es que, si bien es cierto que Cuba manifiesta un incremento en la indisciplina social, con respecto al resto de los paÃses del área sus niveles de incidencia están muy por debajo de las manifestaciones de estas conductas en otras latitudes.
Por ello el camino a recorrer para recuperar el orden social y eliminar la tendencia creciente que manifiesta la indisciplina social, es mucho menor en Cuba que en el resto de las sociedades.
Otro aliado que tiene la sociedad civil cubana a su favor está en la idiosincrasia del cubano, que por lo general es una persona de amplias relaciones sociales, dado a compartir con sus vecinos y a asumir el papel del grupo social como una condición propia de la cubanÃa.
Asà que si bien las cosas no andan del todo bien para la sociedad civil, el trabajo para recuperar el orden social es posible y en menor tiempo que en otras sociedades.
Los cuentapropistas y el orden social
El movimiento de los trabajadores por cuenta propia se manifiesta fundamentalmente en las áreas de uso y disfrute social. El escenario por excelencia para que los cuentapropistas brinden sus servicios, comercien sus productos y realicen sus actividades está en el espacio reconocido por la administración pública como áreas de propiedad social.
Coincidentemente, estas áreas de propiedad social o de uso común de todos los miembros de la sociedad, son el blanco principal de la indisciplina social, del vandalismo, la destrucción y el daño intencional de los elementos perturbadores del orden social.
Por ello el cuentapropista debe tener en cuenta que con su aparición en el escenario económico cubano tienen una doble función:
- Complementar con su actividad la oferta necesaria para cubrir la demanda de bienes y servicios dentro de la sociedad.
- Convertirse en un aliado importante para la administración pública en el rescate del orden social y el respeto a la disciplina social.
La administración pública tiene entonces una importante ayuda en el sector de los trabajadores por cuenta propia para lograr recuperar el espacio perdido en el respeto al orden social y a cuidar la propiedad social como un espacio común, una propiedad de todos.
Si bien es una actividad privada, el cuentapropista se desenvuelve como un ente individual en un medio social, asà que forma parte del gran escenario de la sociedad civil y debe ayudar a que el interés colectivo sea primordial sobre los intereses individuales de cada uno de los integrantes de la sociedad.
El estado cubano tendrá en los cuentapropistas una útil e imprescindible herramienta para incorporar a su intención de sostener el orden social como premisa indispensable para perdurar como nación.
Esta toma de conciencia se impone entre los cuentapropistas, la totalidad de ellos llega al sector por un interés personal. Sobre la marcha es que viene el reconocimiento de su papel como aliado de la administración pública en la defensa del orden social.
Al final los cuentapropistas comprenden que el futuro de su actividad se encuentra directamente ligado a la perduración de la sociedad civil. El negocio de los cuentapropistas durará tanto como dure el orden social que les permite desarrollar su gestión con las garantÃas elementales.
Otro aspecto a tener en cuenta es que al desarrollar su actividad en áreas de propiedad social, los cuentapropistas comienzan a formar parte de este espacio y por lo tanto, si perduran los ataques de la indisciplina contra la propiedad social, ellos serán vÃctimas directas de estos actos negativos.
Son varios motivos los que llevan a los cuentapropistas a convertirse en uno más de los veladores por el respeto a las normas de convivencia, a asumir de oficio la protección del orden social, a predicar con el ejemplo.
Cuando un nuevo sector se manifiesta en la economÃa nacional adquiere deberes y derechos inexcusables. Uno de ellos es el contribuir a algo tan importante para todos como el orden social.
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