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Los cuentapropistas y la homofobia


La sociedad cubana, desde sus inicios como estructura de un estado nacional, ha estado permeada de conductas homofóbicas que han llevado al desprecio y marginalización continua de las personas con diferente orientación sexual.

En épocas pasadas la represión y discriminación hacia estos sectores de la sociedad tenía un carácter oficial, existiendo estructuras legales y administrativas que llegaron a reprimir estas manifestaciones dentro de la sociedad. Periodo crítico en el que por sus tendencias sexuales estas minorías tuvieron que enfrentar el maltrato oficial de la sociedad, y en muchos casos fueron condenados penalmente cumpliendo severas sanciones de cárcel solamente por esta razón.

El propio desarrollo de las relaciones sociales llevó a decantar tan aberrantes prácticas y a renunciar a ellas de manera inmediata, dando lugar a un nuevo periodo de tratamiento social para estos sectores.

Del carácter oficial de la marginalización de estas minorías, se pasó a un ‘tolerancia’ que solo funcionaba si el afectado actuaba bajo estrictos parámetros. Se trataba de una estructura social de nuevo tipo, que si bien daba cierta libertad a los afectados, no resolvía sus problemas sociales y permitía que las conductas homofóbicas permanecieran como prácticas habituales.

En esa etapa no existían leyes que reprimieran a los homosexuales, pero tampoco se actuaba en contra de los que discriminaban y de manera voluntaria reprimían a los homosexuales. La homofobia persistía, contenida pero latente. La homosexualidad era contemplada como una aberración que lamentablemente debía ser tolerada como una decisión soberana de ciertas personas.

La sociedad pretendió demarcar un pequeño espacio donde estas minorías pudieran interactuar sin relacionarse con el resto de la sociedad, lo que en definitiva era una marginalización y una discriminación directa.

Aun así, ese reciente desarrollo social cubano era una mejor etapa para estas minorías que las etapas anteriores. No existía un reconocimiento de todos los derechos de los homosexuales, pero no había cárceles llenas de personas por razones de su inclinación sexual, ni oficialmente se les cerraban las puertas de las diferentes áreas de desarrollo social.

Sin embargo en el desarrollo de las relaciones sociales a nivel general persistían prácticas discriminatorias. Una homofobia generalizada perseguía y marginaba a los homosexuales en todo el país sin que existiera un mandato oficial para asumir tales conductas.

Hubo una cierta tolerancia, pero al mismo tiempo una marcada abstinencia oficial para no tratar el tema tabú. La administración prefería no enfrentar la realidad y mantener silenciado todo aquello que significaba homosexualidad.

Está práctica alcanzó tales niveles que los propios homosexuales se auto marginaron y reconocieron como suyas las limitantes que algunos miembros de la sociedad les imponían. Su vida social llegó a desarrollarse en un mundo subterráneo que protegía su esencia de la vista pública, y que en muchos casos les obligaba a subsistir con un doble rostro, un disfraz que no era otra cosa que un reflejo de la doble moral con que tenían que vivir.

Las opciones laborales con las que contaban siempre fueron menores que las que se presentaban para el resto de la sociedad. Es en el sector laboral donde la discriminación se hizo más latente, más evidente y directa, llegando a reprimirles en la mayoría de las esferas económicas.

Es lamentable que la existencia de una homofobia consensual llevara a que los homosexuales resultaran los últimos en la lista ante opciones sociales, tales como el acceso a las plazas de estudio superior, la designación para puestos de trabajo de buena remuneración o de imprescindible confiabilidad, la elección de funcionarios para cargos públicos.

Existía la prohibición tácita para que se desempeñaran como profesores, voceros, representantes de organizaciones sociales y cualquier otro puesto que precisara proyectar una imagen pública o una interrelación con la sociedad. Era como una especie de tratamiento profiláctico, como si se tratara de evitar el ‘contagio’.

El sector estatal de la producción discriminó de manera continua a las personas que tuvieran una inclinación sexual diferente. De modo que solo tuvieron acceso a las plazas más elementales o peor remuneradas.

En la estructura social tampoco existían organizaciones civiles o sociales que representaran sus derechos, con lo que la marginalización laboral que sufrieron no pudo ser reevaluada o atacada por injusta.

La falta de opciones laborales era la prueba fehaciente de que un mundo homofóbico perduraba en el tratamiento social cubano y que a pesar del formal reconocimiento de los derechos de todos los miembros de la sociedad, los homosexuales seguían siendo discriminados.

En la actualidad la política nacional se ha modificado de manera importante a favor de sus derechos. El estado cubano remonta el camino de respeto social que había sido abandonado por tanto tiempo.

Actualmente ya no se trata de reconocer un espacio para los homosexuales en la sociedad, sino del justo reclamo de reconocerles el derecho de vincularse y participar dentro de la sociedad misma. No es limitarles zonas para que se puedan desarrollar a espaldas del resto de la sociedad, es darles el derecho de convivir con sus características personales en los mismos escenarios sociales que el resto de las personas. El país les contempla como ciudadanos con iguales deberes y derechos que al resto de los ciudadanos.

El estado cubano ha tomado cartas en el asunto y además de revisar su trayectoria histórica hacia estos sectores, también comienza a definir pautas para respetar sus derechos y conservarles un espacio en la sociedad para que puedan representar sus intereses individuales.

El reconocimiento de la existencia de tratamientos equivocados y conductas represivas injustificadas hacia los homosexuales, es en definitiva un logro de la política social de la Cuba contemporánea y una manera de rectificar la trayectoria de marginalización y discriminación a la que se les expuso.

Lamentablemente la reacción del estado cubano hacia la homofobia latente dentro de las relaciones sociales cubanas, no viene con la velocidad que se necesita para borrar esta práctica del seno mismo de la sociedad. Si bien existen pasos serios y conscientes hacia esta dirección, queda mucho por hacer todavía.

En el sector laboral estatal, aun perduran las decisiones que marginalizan a los homosexuales y que no reconocen sus derechos igualitarios para optar por las diferentes plazas de trabajo o centros de estudio y superación profesional.

El derecho al trabajo es un principio defendido como uno de los pilares de la actual sociedad civil cubana, pero el derecho libre a optar por cualquier trabajo sin que sea tenida en cuenta la inclinación sexual del aspirante, es un principio que se debe hacer valer de manera justa y clara. Es una conducta que habrá que imponer para que sea respetada por los diferentes niveles de mando intermedio que bloquean el acceso de los homosexuales a diferentes posiciones.

No hay homosexuales en la dirigencia del país, tanto a nivel nacional como en los diferentes niveles directivos. No hay homosexuales al frente de organizaciones sociales, ni siquiera en las estructuras de base de estas organizaciones. Para colmo, la organización de reciente creación que intenta agrupar a las personas con este tipo de inclinación tiene la salvedad de ser dirigida por una persona de evidente tendencia heterosexual.

Como un reflejo de la nueva política del Estado hacia estas minorías, se ha puesto de moda en la sociedad civil cubana contemporánea declararse a favor de la libertad sexual de las personas. Esta tendencia esnobista viene asociada a un serio esfuerzo de la dirección política de la nación por enmendar la homofobia que por mucho tiempo se manifestó en diferentes sectores sociales y trata de complementar esta nueva tendencia dedicándose a encontrar trazas discriminatorias en cada espacio social.

Algunos hipercríticos ahora pretenden descubrir rasgos homofóbicos en toda manifestación de relaciones sociales en Cuba. A esta labor de crítica a ultranza no ha escapado el sector de actividad económica reconocido como trabajadores por cuenta propia.

Algunos de estos analistas han llegado a determinar categóricamente que el sector de los cuentapropistas es homofóbico porque limita el acceso de los homosexuales a las licencias que autorizan este tipo de trabajo, o que discriminan a estas minorías al reconocer como labores que pueden disfrutar de posibles licencias solo a profesiones de naturaleza heterosexual.

Esta actitud de hipercriticismo responde a la moda del momento y no a un basamento real. Con esta extensión del problema a niveles generales se está perjudicando el objetivo real de la nueva política nacional hacia el respeto de estas personas. Se pierde el foco de la reacción y se diluye el propósito de enmendar los problemas existentes. No puede ser un objetivo de los sectores marginados dedicarse ahora estigmatizar a toda la sociedad.

La realidad es que el sector de los cuentapropistas ha sido el refugio natural para las fuerzas laborales que resultaron discriminadas en el sector laboral estatal. No solo la minoría a la que se refiere este documento, pero muchos otros sectores sociales tuvieron siempre en el trabajo por cuenta propia, el espacio para manifestar sus habilidades sin discriminación o presiones que reprimieran sus preferencias o estilos.

Sectores de mercado independiente como la artesanía, las confecciones textiles, peluquerías, comercialización de alimentos, etc. han sido caracterizados por la presencia de importante número de homosexuales, quienes además han logrado importantes resultados en su desarrollo.

Esto sucede desde que este sector tenía una mínima expresión en la economía nacional y en honor a la verdad, es una tendencia de respeto y de imparcialidad que perdura en los momentos actuales de crecimiento de la actividad de los trabajadores por cuenta propia.

No hay ningún rasgo de homofobia en la selección de los tipos de actividad que se puede realizar como cuentapropista, esto es totalmente falso. Si bien es cierto que las diferentes profesiones a realizar se manifiestan en un número bastante reducido para la necesidad actual que se percibe en el mercado, esta restricción responde a razonamientos diferentes y nada tienen que ver con enjuiciamientos sobre la sexualidad de las personas.

Tampoco se limita el acceso a las licencias a las personas de diferente inclinación sexual. Cualquier persona tiene el derecho a ejercer la plaza que pretende sin necesidad de esclarecer sus preferencias sexuales.

Hay ahora mismo homosexuales participando como trabajadores por cuenta propia en todas las labores que se autorizan mediante licencias de cuentapropistas, inclusive en funciones tan históricamente homofóbicas como la de mecánicos, agricultores, fundidores, choferes y soldadores. Pero sin que se les discrimine por ello, también hay peluqueros, manicures, organizadores de fiestas, costureros, profesores de baile y modelaje.

La administración pública realiza una labor encomiable. No hay ninguna actitud discriminatoria o socialmente reprochable en su actuar. El sector de los cuentapropistas ha ganado un gran espacio social en un corto tiempo. Su imparcialidad y respeto a las individualidades de sus trabajadores es un ejemplo a seguir por el sector estatal.

El respeto de la sociedad a las particularidades de todos sus ciudadanos es el principio que rige en este pequeño sector de mercado por cuenta propia, en respaldo a una histórica aspiración social de los habituales marginados, sectores que como los homosexuales, comienzan a hacer valer sus derechos en la Cuba contemporánea.