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La estrategia cubana de respuesta al VIH/sida:
Un enfoque integral con base en los derechos


Tras el diagnóstico del primer caso de VIH en el país en 1985, y de otros en 1986, el gobierno cubano puso en práctica un programa nacional de monitoreo y manejo de la epidemia. Su base inicial fueron las estrategias de control y contención de enfermedades infecciosas que posteriormente se ampliaron para incluir labores intersectoriales de educación, prevención y tratamiento. Ese enfoque ha hecho que la isla registre una tasa de prevalencia del 0,1%, la más baja de las Américas [OMS 2008]. La tasa cubana de mortalidad por enfermedades relacionadas con el sida, que es de 1,0 por cada 100 000 habitantes [Ministerio de Salud Pública 2007], es igualmente baja. La transmisión de madre a hijo y la infección a través de la sangre y los hemoderivados son también extraordinariamente reducidas en Cuba, donde la principal vía de transmisión (el 99%) son las relaciones sexuales [Ochoa et al. 2006]. A pesar de esos logros, el número de nuevos casos de infección ha aumentado de forma sostenida a partir de 1996, sobre todo entre los hombres que tienen sexo con hombres (HSH); en la actualidad, el 84% de los hombres diagnosticados como seropositivos son HSH [Programa Nacional ITS/VIH/Sida 2008].

En el presente documento se analiza el enfoque cubano de respuesta al VIH, que, al igual que el sistema de salud del país, se fundamenta en el principio de que la salud es un derecho humano. En la práctica, ese principio se traduce en un continuo de atención de salud mediante el acceso universal y gratuito a los servicios de salud primarios, secundarios y terciarios; el compromiso gubernamental de equiparar y mejorar las determinantes sociales; y la investigación y el desarrollo científico puestos al servicio de mejorar la salud de la población. Los derechos plasmados en la Constitución, incluidos el derecho al trabajo y el derecho a la vivienda, al igual que las leyes antidiscriminatorias, también desempeñan un papel. El acceso libre e igual a la atención de salud, una importante capacidad biotecnológica instalada en el país y una ciudadanía educada que confía en el sistema de salud pública han contribuido a contener la epidemia en la isla.