|
| Atrás |
Descargar el archivo PDF |
| |
Tamaño: 138.0K - Tiempo aprox. de descarga a 28.8K: 00:40 |
|
Se necesita Adobe Reader para abrir el formato PDF. Descargarlo gratis abajo.
 |
Untitled Document
Azúcar, esclavitud y poblamiento en Cuba
Juan Antonio Alvarado Ramos
La industria azucarera constituyó la actividad económica que con más fuerza intervino en el proceso de cambios socioeconómicos y demográficos que se operaron en la isla de Cuba, sobre todo a partir del siglo XVIII. Su impacto resultó decisivo para la transformación de la primitiva estructura agraria, imprimiéndole nuevos caracteres a la expansión colonizadora.
La importancia que el azúcar comenzó a adquirir como renglón exportable, y la consiguiente necesidad de nuevas tierras para fundar ingenios y sembrar más caña, llevaron a su rápida expansión por toda la isla, principalmente en el Departamento Occidental. Pero el gran despegue se produjo después de 1790, cuando la Revolución de Haití destruyó al más poderoso abastecedor del dulce en el mercado mundial.
El número de ingenios pasaría de 529 en 1792 (Marrero, 1984, t.10:151) a 1365 en 1860 (Tabla 1). Las innovaciones tecnológicas, entre ellas, la aplicación de la máquina de vapor y la instalación del ferrocarril fueron elementos claves en este proceso expansivo que partiendo de La Habana llegaría hasta Cienfuegos y Sagua la Grande, donde, como ha señalado Julio Le Riverend, se detuvo este interesante y vigoroso proceso de antes de la Guerra de 1868.
La producción comercial del azúcar creó un movimiento demográfico sin precedentes, que marcó con su sello distintivo el carácter y los tipos de asentamiento. Su presencia supuso la destrucción del pasaje anterior y la fijación de nuevas características humanas (Moreno 1978).
Tal y como puede observarse en la Tabla 2, entre los censos de 1774 y 1862 se produjo un aumento mayor al millón de habitantes, para un índice de crecimiento de 696.6 %. El aumento demográfico fue tal que la densidad de la población pasó de 1.6 habitantes por kilómetros cuadrado en 1774-75 a 12.69 en 1862.
Una de las razones principales de este vertiginoso aumento estuvo en la masiva entrada de africanos, para satisfacer la gran demanda de brazos, exigidos por el pujante desarrollo azucarero, que se vio favorecida por la ‘legalización’ de la trata en 1789.
Hasta 1774-75, como puede observarse en la Tabla 3, los sectores blancos constituían la mayoría en el ya muy diverso panorama etnorracial de la isla. Sin embargo el inusitado incremento de los esclavos, sobre todo en el período de mayor florecimiento de la industria azucarera, produjo serios cambios en la estructura de la población. En 1792 los esclavos constituían ya el 31.06 % del total de habitantes de la isla. Si a ello se le suma la población ‘de color libre’ (negra y mestiza), se tiene una clara idea de la franca ventaja de estos sectores con relación a los blancos. Tal desequilibrio se mantendría, con las variaciones propias de cada período, hasta mediados del siglo, cuando los esclavos, según el censo de 1846, llegaron a ser el 40.73 % y los ‘libres de color’ el 15.11 %. Esta es precisamente la época de los grandes ingenios azucareros con varios centenares de esclavos y de los barracones donde se les mantenía confinados, en los breves períodos de descanso.
Las proporciones de población negra, hasta aquí señaladas eran mucho más elevadas en las principales jurisdicciones azucareras de occidente, donde se verificaba el mayor desarrollo azucarero. Tal era el caso, por ejemplo de Colón, Cárdenas y Matanzas.
Estas áreas, a pesar de los grandes desplazamientos poblacionales que se produjeron después de la abolición de la esclavitud, siguen mostrando altos índices de población negra y mestiza y conservan con marcada fuerza, múltiples tradiciones culturales de origen africano.
Durante todo este período, los índices de crecimiento de la población ‘de color’ y particularmente la esclava resultan muy contrastantes con relación a los blancos. Se destaca sobre todo el período de 1792 a 1817, cuando los esclavos crecieron en un 135 % y los blancos no llegaron al 80 %.
El súbito descenso en el índice de crecimiento de la población esclava al mediar el siglo y de hecho su participación en el volumen total de la población, pudo deberse en parte, como ha señalado Julio Le Riverend (1971:189), al interés de los esclavistas por ocultar el comercio de contrabando después de varios años de haberse declarado ilegal la trata trasatlántica. Además, en sentido general el crecimiento demográfico, siguió un ritmo más lento a partir de la tercera década del siglo XIX, cuando comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de la crisis de la economía esclavista y que se fueron agudizando en la medida en que pasaba el tiempo (Le Riverend, 1971: 317-318).
Estas realidades y los acontecimientos de la colonia francesa de Saint Domingue (Haití), unido a varias sublevaciones de esclavos en los campos cubanos, incrementaron el miedo al negro y el interés por revertir la estructura demográfica. Fue así que tomó fuerza la Política de Colonización Blanca, iniciada como propósito a finales del siglo XVIII, pero que alcanzó forma jurídica en 1817, con la proclamación de una Real Cédula donde se regulaba su procedimiento.
En su paso avasallador el azúcar creó caminos, devoró bosques y concentró núcleos de población.
En esas condiciones surgen y se desarrollan importantes poblaciones en los puertos de embarque. Al mismo tiempo en el interior, se iba conformando una extensa red de núcleos humanos que se ubicaban siguiendo el trayecto de la línea expansiva de la agricultura comercial y en función de sus intereses.
La producción azucarera originó un sistema económico y de poblamiento muy peculiar que, como ha dicho Moreno Fraginals, produjo un hondo proceso de transformación ambiental. Su presencia supuso la destrucción del paisaje anterior y la fijación de nuevas características humanas. Su empuje contribuyó a la unidad económica y social de la Isla.
“Dondequiera que se implante, el ingenio crea el mismo cuadro físico y social. Sus unidades se repiten con trágica monotonía. Y establecen además una comunidad de intereses que se refleja de idéntica manera en las más apartadas zonas (...). Los verdes cañaverales y las torres humeantes fueron elementos que homogenizaron el paisaje”. (Moreno, 1978: 148).
La instauración de los ingenios con su forma de producción esclavista, supuso desde el primer momento, la creación de un núcleo poblacional de trabajadores con carácter permanente, representados en su mayoría por las dotaciones de esclavos, que dio lugar a un tipo histórico de asentamiento conocido con el término de batey,1 implicaciones económicas, sociales y culturales han llegado hasta nuestros días.
El tamaño, la estructura y la composición arquitectónica de los bateyes varió en las distintas etapas de desarrollo del ingenio. Al principio, cuando se utilizaba fuerza motriz animal y las dotaciones no habían alcanzado el volumen que tuvieron en el siglo XIX, los ingenios eran unidades pequeñas, constituidas por la casa de calderas, la del trapiche y la de purga. Estas instalaciones en sus inicios eran construidas con madera redonda y en muchas de ellas en lugar de tejas se usaba guano y yaguas para los techos.
Posteriormente se haría común la fabricación de mampostería y tejas. La bagacera o almacén de bagazo, cuando lo había, se situaba algo distante para evitar que los frecuentes incendios que en ellos se producían afectaran el resto de los edificios (Suárez, 1859: 196; Marrero, 1978, t.7:20; 1984, t.10).
Completaba este conjunto lo que Manuel Moreno Fraginals llama el área social, que a su vez se dividía en el área de los blancos y el área de los negros. En la primera se incluía la casa de vivienda del dueño, la del mayoral, el maestro de azúcar y otros empleados. En la segunda estaban los pequeños bohíos de los esclavos. (Moreno, 1965:6).
Los primeros ingenios constantemente abandonaban las tierras cansadas en busca de otras más fértiles donde pudiera obtenerse, además, la leña que necesitaban los trapiches. (Moreno, 1978:52-53). Ello provocaba el movimiento de los núcleos de población establecidos en torno a ellos.
Con el desarrollo de la gran manufactura, a partir de 1792, el ingenio comenzó a estabilizarse. Sus edificaciones se hicieron más complejas y era cada vez más costoso su continuo movimiento.
Al conjunto del batey se le añadirían, con el transcurso del tiempo, el tejar, la herrería, el alambique, la carpintería y otras instalaciones necesarias para su funcionamiento. También formaba parte de ellos, la enfermería, nacida de la necesidad de alargar la vida de los costosos esclavos y en algunos el ‘criollero’, donde se mantenían los hijos de las esclavas, mientras la madre rendía las labores del día (Hazard, 1928:190-198; Pérez de la Riva, 1952:301-303).
Por otra parte, el aumento de las dotaciones de esclavos exigidas por el crecimiento cuantitativo de los ingenios, en la época de florecimiento de la trata y la esclavitud y el pánico que la burguesía sentía por una población subyugada, que la superaba con creces y que constantemente daba muestras de la rebeldía, hizo que surja la más monstruosa de las construcciones del batey: el barracón, edificio inmenso, a modo de cárcel, que viene a sustituir a los pequeños bohíos donde hasta ese momento vivían los esclavos, lo cual provocó un brusco cambio en la fisonomía del batey y en su régimen de vida. Con él se trataba de mantener un riguroso control sobre los negros, encerrándolos cada noche después de la jornada de trabajo.
El barracón llegó a ser algo típico del batey azucarero, su uso no se limitó al esclavo, pues fue construido también para albergar las grandes masas de chinos que en condiciones de semi esclavitud, engrosaron la fuerza de trabajo de los ingenios en el siglo XIX y posteriormente, al abolirse la esclavitud, quedó como una herencia al jornalero libre.
Las innovaciones tecnológicas hicieron posible, además, la concentración de todas las instalaciones productoras - antes separadas - en un solo edificio, donde el aprovechamiento energético era más racional. En ese período comenzó también el uso de gasógenos para el alumbrado e incluso se llegó a construir acueductos para el suministro de agua corriente (Pérez de la Riva, 1975:17-18).
Estas transformaciones hicieron que los bateyes definieran con más fuerza su condición de núcleos de aglomeración humana. J. García de Arboleya (1859:129), al describir el ingenio típico de mediados del siglo XIX, señaló: "es más bien un pequeño pueblo.... que una hacienda campestre".
Desde luego, estas grandes poblaciones no eran exclusivas de las más importantes zonas azucareras del occidente. En otras áreas donde la industria había progresado menos y los ingenios eran más pequeños, se producían concentraciones significativas que motivaban el asombro de cuantos llegaban a ellos. En ese sentido, resulta elocuente la descripción del Ingenio Oriente (Camagüey), hecha por Perpiñá (1889:82): "Hemos llegado a un extenso patio rodeado de casas ó habitaciones: es el grandioso batey de aquel ingenio; mejor dicho es la plaza de un pueblo". A la sazón vivían allí reunidos más de 200 personas, en su mayoría esclavos.
Este tipo de asentamiento constituyó una regularidad en todas las colonias donde se desarrolló la economía de plantaciones, en respuesta a la necesidad de reunir grandes masas de esclavos, como ocurrió, por ejemplo, en otros territorios caribeños y en Brasil. Y como ha señalado Manuel Moreno Fraginals, fueron cuna y fragua de un pueblo y una cultura que se gestaban, bajo el sonido del látigo y el más aberrante sometimiento de los africanos y sus descendientes.
Las últimas décadas del siglo XIX fueron testigos de profundas y decisivas transformaciones en la industria azucarera, particularmente en los años posteriores a la Guerra de 1868-1878, que destruyó o dejó fuera de uso una gran cantidad de fábricas de azúcar. Por su parte, el desarrollo técnico, las grandes inversiones de capitales y particularmente el impetuoso avance del ferrocarril, abrieron un nuevo porvenir de opulencia al ingenio. La rivalidad y la competencia llevaron a la ruina de los más pequeños. Se iniciaba así el proceso de concentración de la industria azucarera, que después de la abolición de la esclavitud, explotaría jornaleros libres y que influiría notablemente sobre el sistema de los asentamientos en las zonas azucareras en el siglo XX.
TABLA 1. Número de ingenios por jurisdicciones. (1827-1846-1862)
Jurisdicciones |
1827 |
1846 |
1862 |
1. Pinar del Río |
- |
4 |
6 |
2. San Cristóbal |
- |
- |
10 |
3. Bahía Honda |
- |
- |
25 |
4. Mariel |
- |
84 |
- |
5. Guanajay |
- |
- |
61 |
6. La Habana |
231 |
155 |
- |
7. Guanabacoa |
12 |
24 |
3 |
8. Güines |
47 |
66 |
89 |
9. Bejucal |
5 |
23 |
20 |
10. Stgo. de las Vegas |
40 |
4 |
6 |
11. Jaruco |
2 |
3 |
31 |
12. Sta. María del Rosario |
- |
- |
1 |
13. San Antonio de los Baños |
1 |
21 |
17 |
14. Matanzas |
111 |
152 |
128 |
15. Cárdenas |
- |
199 |
147 |
16. Colón |
- |
- |
126 |
17. Cienfuegos |
1 |
71 |
94 |
18. Santa Clara |
49 |
59 |
53 |
19. Colonia de Sto. Domingo |
- |
3 |
- |
20. Sagua la Grande |
- |
59 |
119 |
21. Sancti Spíritus |
38 |
39 |
41 |
22. Remedios |
17 |
37 |
44 |
23. Trinidad |
56 |
43 |
44 |
24. Puerto Príncipe |
85 |
81 |
83 |
25. Nuevitas |
- |
12 |
19 |
26. Tunas |
- |
- |
1 |
27. Holguín |
92 |
80 |
16 |
28. Manzanillo |
- |
20 |
18 |
29. Bayamo |
55 |
43 |
23 |
30. Jiguaní |
26 |
27 |
19 |
31. Santiago de Cuba |
125 |
112 |
89 |
32. Guantánamo |
- |
11 |
25 |
33. Baracoa |
7 |
10 |
7 |
|
|
|
|
Total |
1000 |
1442 |
1365 |
Fuentes:
- Comisión de Estadísticas. Cuadro Estadístico de la Siempre Fiel Isla de
Cuba, correspondiente a 1827. Vdas. De Arazoza, Habana, 1829.
- Comisión de Estadísticas. Cuadro Estadístico de la Siempre Fiel Isla de
Cuba, correspondiente a 1846. Imprenta del Gobierno y Capitán General
Habana, 1847.
-Rebello, Carlos. Estados relativos de la producción azucarera de la Isla de Cuba, La Habana, octubre, 1860.
TABLA 2. Población de Cuba (1774-75-1862)
Censo |
Blancos |
Libres de color |
Esclavos |
Total de color |
Total |
Densidad de población |
1774-75 |
96,440 |
30,847 |
44,333 |
75,180 |
171,620 |
1.60 |
1792 |
133,559 |
54,152 |
84,590 |
137,742 |
272,301 |
2.53 |
1817 |
239,830 |
114,058 |
199,145 |
313,203 |
553,033 |
5.15 |
1827 |
311,051 |
106,494 |
286,942 |
393,436 |
704,497 |
4.56 |
1846 |
425,767 |
149,226 |
323,759 |
492,985 |
898,752 |
8.38 |
1862 |
765,678 |
225,941 |
368,666 |
594,607 |
1’360,285 |
12.69 |
Fuentes: - Historia económica, política y estadística de la isla de Cuba, 1831. Imprenta de las viudas de Arazoza y Soler, La Habana.
Comisión de Estadísticas. Cuadro Estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al año 1827. Vdas. de Arazoza, La Habana, 1829
Comisión de Estadísticas. Cuadro Estadístico de la Isla de Cuba correspondiente al año 1846, Imprenta del Gobierno y Capitán General. La Habana, 1847
Armíldez de Toledo, C. Noticias de Estadística de la Isla de Cuba. Imprenta del Gobierno, La Habana, 1864.
TABLA 3. Proporción de los distintos sectores de la isla de Cuba según raza y clase (1774-75-1862)
Censo |
% de blancos |
% de libres de color |
% de esclavos |
% de población color |
1774 |
56.19 |
17.97 |
25.83 |
43.80 |
1792 |
49.04 |
19.88 |
31.06 |
50.95 |
1817 |
43.16 |
20.62 |
36.00 |
56.63 |
1827 |
43.37 |
16.60 |
36.02 |
52.62 |
1846 |
44.15 |
15.11 |
40.73 |
55.84 |
1862 |
56.3 |
16.6 |
27.1 |
43.71 |
Fuentes: - Historia económica, política y estadística de la isla de Cuba, 1831. Imprenta de las Vdas. de Arazoza y Soler, La Habana.
- Comisión de Estadísticas. Cuadro Estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al año 1827. Vdas. de Arazoza, La Habana, 1829
- Comisión de Estadísticas. Cuadro Estadístico de la isla de Cuba correspondiente al año 1846, Imprenta del Gobierno y Capitán General. La Habana, 1847
- Armíldez de Toledo, C. Noticias de Estadística de la Isla de Cuba. Imprenta del Gobierno, La Habana, 1864.
Nota:
- La palabra batey, debió ser una de las primeras que los conquistadores europeos incorporaron a su vocabulario. De acuerdo con los cronistas de Indias, batey era un lugar llano limpio, usado por los aborígenes para el juego de pelotas. En torno a estos espacios se ubicaban las viviendas. El vocablo pasó al lenguaje común significando precisamente un lugar abierto a modo de plaza en torno al cual se ubican diversas edificaciones.
BIBLIOGRAFÍA
Armíldez de Toledo, C. (1864): Noticias estadísticas de la Isla de Cuba, en 1862. Imprenta del Gobierno, La Habana.
Bacardí, E. (1925): Crónicas de Santiago de Cuba. Tipografía de Arroyo y Hnos. Santiago de Cuba.
Baroni, S. (1989): Territorio y modo de vida. Planificación Física Cuba, no. 2 IPF. La Habana.
Comisión de Estadísticas (1829): Cuadro de estadística de la siempre fiel Isla de Cuba, correspondiente al año 1827. Vdas. de Arazoza y Soler, La Habana.
Comisión de Estadísticas (1847): Cuadro de estadística de la siempre fiel Isla de Cuba, correspondiente al año 1846. Imprenta del Gobierno, La Habana.
Comisión de Asuntos Cubanos (1935): Problemas de la Nueva Cuba. Foreign Policy Association, New York.
Dembicz, A. (1976): Poblamiento post‑azucarero en Cuba; perduración y funciones socioeconómicas actuales. Economía y Desarrollo no. 34, marzo‑abril 1976.
‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑ (1989): Plantaciones cañeras. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
Friedlander, H. (1978): Historia económica de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 2 t.
García de Arboleya, José H. (1859): Manual de la Isla de Cuba. Imprenta del Tiempo, La Habana.
Guerra, R. (1970): Azúcar y población en las Antillas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑-- (1971): Manual de Historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
Hazard, S. (1928): Cuba a Pluma y Lápiz. Cultural S.A., La Habana, 3 t.
Humboldt, A. (1959): Ensayo Político sobre la Isla de Cuba. Revista Bimestre Cubana. Vol. LXVII enero ‑ junio 1959. pp.189‑425.
Instituto de Historia de Cuba (1994): Historia de Cuba. La Colonia. Editora Política, La Habana.
Le Riverend, J. (1971): Historia Económica de Cuba. Edición Revolucionaria, Instituto Cubano del Libro, La Habana.
‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑ (1992): Problemas de la formación agraria de Cuba. Siglo XVI‑XVII. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
Marrero, L. (1972): Cuba: Economía y Sociedad. Editorial San Juan, Puerto Rico. t.1
----------------- (1974‑1984): Cuba: Economía y Sociedad. Editorial Playor, S.A., Madrid. T.2, T.3, T.7, T.9, T.10, T. 11.
Moreno Fraginals, M. y J.Pérez de la Riva (1965): “El batey azucarero en Cuba”, inédito, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana.
Moreno Fraginals, M. (1978): El ingenio. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 3 tomos.
Ortiz, F. (1940) Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. Jesús Montero, La Habana.
Pérez de la Riva, F. (1952): La Habitación rural en Cuba, Revista de Arqueología y Etnología, nos. 15‑16 enero ‑ diciembre de 1952. pp. 295‑392.
Pérez de la Riva, J. (1964): El poblamiento. Bohemia año 56, no. 51. (Dic. 18 de 1964).
‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑‑ (1975): El barracón y otros ensayos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana.
Perpiñá, A. (1889): El Camagüey: viajes pintorescos por Cuba. Imprenta de Fidel Giró, Barcelona.
Pichardo, H. (1973‑1980): Documentos para la historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 4 tomos.
Suárez y Romero, A. (1859): Colección de artículos. Est.Tip. "La Antilla". La Habana.
|