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La tierra arrendada: un futuro prometedor


Entre las nuevas estructuras administrativas que se prevén para el desarrollo de la agricultura en Cuba, se contempla el arrendamiento de terrenos para ser explotados por particulares (entiéndase una persona o un grupo de ellas). Este alquiler de los terrenos no significa que se entregue la propiedad de los mismos. El propietario sigue siendo el Estado y los arrendatarios solo tendrán el uso y disfrute de las tierras para cultivarlas, pagando por ello una cantidad de dinero o parte de la cosecha.

El arrendamiento a particulares no incluye las tierras productivas o que se encuentren en explotación. Por el contrario, la nueva legislación trata de convertir en terrenos productivos grandes lotes abandonados, sin cultivos ni explotación, o terrenos que alguna vez formaron parte de granjas o proyectos agrícolas y que, por ello, deben contar con condiciones elementales que permitan su recuperación, como haber sido fertilizados y trabajados con anterioridad, o tener un abasto de agua próximo.

La posible explotación de esos terrenos en desuso constituye una excelente oportunidad para el productor agrícola independiente. Las buenas condiciones naturales y la calidad del suelo permiten lograr hasta tres cosechas al año. Además, en la economía cubana, la agricultura es una de las ramas con un futuro más promisorio. Los productos agrícolas cubanos serán bienvenidos en los mercados nacionales e internacionales, ambos con alta demanda de este tipo de mercancía. La situación descrita hace de la agricultura un atractivo mercado de inversión con un futuro garantizado.

Muchas de las personas con capacidad para asumir esta nueva actividad no lo hacen por el temor de que la tierra a explotar no está a su nombre. Pero no ser propietario del espacio en que se va a producir no debe ser una limitante para los productores agrícolas en las nuevas condiciones que se promueven en Cuba.

Valorización por partida doble

 Sin importar de quien sea la titularidad de la tierra, esta labor productiva genera ganancias para ambas partes y, además, como resultado de este trabajo, el valor de los terrenos aumenta al convertirse en tierras en explotación. Esa consecuencia se deberá exclusivamente a la labor de los arrendatarios, que son la pieza clave de la valorización. Un terreno que se transforme en campo de cultivo automáticamente se valoriza como propiedad y se convierte en un medio productivo que genera riquezas, favoreciendo al dueño y al trabajador.

Pero lo más importante es que a través de esta operación productiva, tú también te estás valorizando. Adquieres una mayor calificación como productor, obtienes crédito en tu gestión y asciendes en la escala profesional, lo que te permitirá ser tenido en cuenta como fuerza laboral calificada. Esto te ofrece una ventaja en el momento de negociar las condiciones de explotación de los terrenos y redundará en tu propio beneficio.

  Cualquier modificación que pueda tener la legislación de la propiedad sobre la tierra en Cuba implicaría siempre que el nuevo titular (sea el Estado o una persona privada) te considere como el productor calificado que hace rendir esa tierra, por lo que siempre negociarían para que puedas continuar explotando la misma. Tu resultado como trabajador agrícola influirá directamente en tu permanencia como arrendatario y en tu relación con el propietario.

  Si en el peor de los casos, el titular o propietario decidiera destinar a otro fin los terrenos que has cultivado y te impide valerte de ellos, tampoco has perdido el tiempo. Tu especialización y profesionalismo te sitúan como una fuerza laboral calificada en la producción agrícola, donde la tendencia es a crecer, y, además, te habrás valorizado dentro de un mercado en desarrollo. Tu calificación profesional vale más que antes y existe una alta demanda de este tipo de trabajadores.

  Si las personas vinculadas al proceso productivo forman una pequeña brigada agrícola y con su labor cubren todos los renglones que se derivan de una producción de este tipo, su calificación y valor profesional en el mercado serán mayores. Esto les garantizará mejores resultados productivos y mejores condiciones al negociar su participación en cualquier tipo de producción agrícola.

  El futuro económico de nuestro país está en los campos. Es un trabajo rentable y tiene futuro, pero sin productores decididos no crecerá. No te detengas por problemas que no se ajustan a los tiempos en que vivimos. Adáptate a las circunstancias, ten confianza en tus capacidades… y podrás triunfar.


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