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Cultura de reciclar


Los productores agrícolas cubanos que arriendan terrenos al Estado, desarrollan su actividad en condiciones diferentes a las de cualquier otro productor. El nivel de desabastecimiento y lo depauperado del mercado económico donde promueven su gestión les impone la difícil tarea de tener que intentar suplir suministros esenciales con sustitutos e inventivas locales y no siempre con el éxito que esperan. Esta situación les lleva a una dependencia directa a cualquier suministro posible, sin importar procedencia o durabilidad, lo que les suma al consumismo imperante, llegando a depender la producción de la posible adquisición de estos bienes.

Atendiendo a lo especial de su condición de arrendatarios privados, insistimos en que los productores agrícolas cubanos deben tener en la cultura del reciclaje uno de los principios fundamentales para la realización de su gestión.
El arte del reciclaje consiste en utilizar varias veces aquellos recursos que, habitualmente, se emplean una sola vez. La aplicación de esta cultura implica cambiar la mentalidad de los productores, acostumbrados a usar y desechar productos o medios que no han terminado su vida útil, artículos que la inventiva humana puede reutilizar más allá de lo que habitualmente se hace. Esta cultura contempla también encontrar destinos a recursos que la producción sitúa en las manos de los agricultores y que, comúnmente, se desechan. Es aprender a extender la vida útil de los recursos que habitualmente descartamos.

El productor agrícola cubano tiene dos razones principales para aceptar como suya la cultura del reciclaje:

-La razón internacional: Asumir la necesidad de reciclar dentro de la agricultura les lleva a convertirse en parte de un movimiento internacional y legítimo. Es estar a favor de un mundo sano y perdurable. Actitud que hoy se impone en todas las naciones. Es una toma de conciencia universal sobre las necesidades de preservar el medio ambiente, aprovechando al máximo los recursos de que disponemos.

La política de reciclar o reaprovechar los medios y productos responde a una intención internacional que aspira a preservar un mundo mejor para la humanidad, para nuestros hijos. La explotación múltiple y planificada de los recursos que la naturaleza nos facilita es la mejor manera de evitar un consumismo desenfrenado y de promover un desarrollo sostenible. Es entender la importancia de extender la vida útil de cada recurso, de cada equipo, de cada producto.

Debemos razonar que con esta actitud ante el consumismo y el desgaste natural de los recursos disponibles, estamos evitando también el aumento de la contaminación y polución, estamos saneando al mundo. Protegemos nuestro planeta, nuestro país, nuestra tierra y a nuestra familia.

-La razón nacional: Cuba además, presenta una situación de crisis y desabastecimiento permanente que convierte a la cultura del reciclaje en la mejor ayuda para cualquier producción elemental. La utilización de recursos que puedan ser empleados en diferentes oportunidades es una garantía para la continuidad de la producción.

Financieramente, asumir la cultura del reciclaje representa un importante ahorro para los trabajadores, disminuye los gastos productivos, aumenta la vida útil de los medios de producción y, en definitivas, representa un aumento de las ganancias como resultado de un eficiente proceso de producción. La adquisición de medios y productos que puedan extender su vida útil es una precaución que repercute directa e inmediatamente en los resultados de la producción agrícola.

No ajustarse a los principios de la cultura del reciclaje lleva al productor agropecuario a perder las garantías de prolongación en su cometido. Por estas dos razones debemos defender al Reciclaje como actitud fundamental en la conducta del productor agrícola. Principio que se puede aplicar en cada una de sus gestiones. Algunas de estas actitudes resultan tan elementales y fáciles que pueden ser acometidas por todos los productores sin necesidad de profundos análisis o drásticas variaciones en el comportamiento. Toda actitud en este sentido siempre repercuten a favor de la producción.

Algunos ejemplos de conductas que se pueden asumir a favor del reciclaje dentro de la producción agrícola pueden ser:

-Almacenar el agua con que lavamos los productos agrícolas y los aperos de labranza, inclusive almacenar el agua que se sirvió para que bebieran los animales. El almacenamiento de estas aguas usadas y aparentemente contaminadas, permitirá el empleo de las mismas en una segunda oportunidad, ya que son muy útiles para regar los plantíos por cosechar. No existe contaminación en estas aguas y por el contrario, adquieren nutrientes que pueden ser aprovechados para la  próxima cosecha. Habitualmente estas aguas se desechan y con ello se pierde el preciado líquido y la energía empleada para moverla. Garantizar dos destinos para el mismo recurso ayuda a su economía y protege el medio ambiente. Los depósitos para almacenar estas aguas recicladas son fáciles de construir, inclusive cavándolos en la propia tierra.

- Cada cosecha genera residuos que habitualmente son desechados. Buscarle un segundo uso dentro de la producción es reciclar. En muchos casos estos residuos son muy útiles como fibra vegetal, que sirve para sustituir cordeles y cuerdas, tan necesarios a la hora de atar los productos por cantidades o transportarlos a los mercados y centros de acopio. Otras veces ayudan como abono o protectores de humedad en cultivos como el plátano. También pueden ser contemplados como alimento animal. Lejos de desecharlos usted puede utilizarlos en funciones imprescindibles, que en otras condiciones le obligaría a adquirir una nueva gama de productos.

- Puede emplear los restos de la cosecha como materia prima para generar energía alternativa. Nos referimos a esos restos o residuos de los productos cosechados o las mermas de las producciones, muchas veces en estado de descomposición parcial o total. Habitualmente abandonados como basura, estos residuos, a veces en cantidades nada despreciables, pueden ser utilizados como combustibles para generar energía, tanto en la versión tradicional; al ser quemados por combustión directa para obtener emisores de calor,  o como fuente imprescindible para obtener Biogas, sistema que ayuda a explotar las emanaciones de estos desechos en la generación de energía eléctrica alternativa, que se puede emplear en el alumbrado eléctrico o en otras necesidades. El Biogas como fuente de energía natural se impone en muchos centros agrícolas e inclusive en granjas de recría animal, donde las heces abundan y su capacidad de combustión es mayor que la ofrecida por el desecho vegetal. El uso de este tipo de energías ahorra el consumo eléctrico tradicional e implica un ahorro importante para su gestión.

Muchos ejemplos existen de cómo aplicar la Cultura del Reciclaje en la vida diaria de un productor agrícola, basta con que su atención esté dirigida a encontrar los nuevos destinos para cada rubro o subproducto, es justo lo que su gestión necesita. De esta manera se estará ayudando a usted mismo  y al planeta.

Recicle, no espere más.


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