El maní
Waldo dice que tiene una rastra y enseguida hace pensar en uno de los enormes camiones con un largo remolque para transporte de mercancías, pero Waldo aclara “no, nada de eso, mi rastra es a lo tradicional”.
Rastra es la manera popular de llamar en el campo cubano a una especie de plancha de madera que, sin ruedas o quillas, es arrastrada por una yunta de bueyes y que sirve para transportar pequeñas cargas en suelos de tierras o campos cultivables, así que la rastra de Waldo es ecológica.
Waldo usa la rastra dos veces por semana para traer hasta la casa dos enormes tanques llenos de agua. Al parecer, no tiene sentido ir a buscar agua tan lejos teniendo un pozo en las tierras cultivables, pero parece que Waldo está lleno de sorpresas, “es agua de mar, la traigo para el maní”.
Este campesino siembra maní como producción principal en sus tierras, según dice también lo comercializa en diferentes puntos de venta y por eso los prepara hasta el final. Pero lo de agua de mar no tiene sentido. Waldo sonríe y ya en la cocina, se ve a su hija y su sobrina que han comenzado a calentar grandes depósitos con agua salada.
“El maní es un fruto de la tierra, que cuesta mucho trabajo, pero que se vende bien”, dice, mientras se suma al grupo de su familia que, en la misma cocina, van abriendo las vainas de maní y formando una pila con los granos limpios.
“No es más negocio venderlos directamente porque le sacamos mucho más, cuando conseguimos azúcar y lo vendemos en turrones, pero la mayoría de las veces en cucuruchos que tienen muy buena salida”.
El maní es parte de la cultura cubana, está presente en todos los confines de la isla. “Todo el mundo lo come a alguna hora del día, lo deberían poner en la bandera o el escudo del país, una de las canciones más famosas de Cuba es El manisero”, recuerda Waldo con mucha razón.
El maní es trabajoso como producto. “Lo malo es la cosecha, sembrarlo y cuidarlo es lo mismo que cualquier otro vegetal, pero al recogerlo lo tienes que abrir a mano, porque hasta donde yo conozco no hay máquina para abrir esa vaina dura, así que a dedo limpio”.
Sobre el agua de mar, todavía hay que esperar por una explicación. El agua de los depósitos ha comenzado a hervir, entre todos vierten los granos limpios en las ollas de agua de mar hirviendo, “solo con agua de mar se le puede dar el sabor uniforme con que se comercializa, luego lo ponemos a secar y quedan divinos, para chuparse los dedos”.
Para demostrar que no es broma se acerca al secadero, una pequeña explanada de concreto fundido, donde reposan al sol los granos de la hervidura anterior, al azar toma unos cuantos granos y al probarlos, saben muy bien, tiene toda la razón. “Es un secreto trasmitido de abuelos a nietos, soy de una familia de maniseros y de verdad que el sabor le cambia totalmente cuando lo hierves en agua de mar”.
Se advierte que los cucuruchos están hechos a base de papel periódico, la tinta de los diarios puede ser peligrosa y hasta malear el rico sabor que logran con el agua de mar, “ese es el que hay, no puedo venderlo a granel, eso en Cuba no existe, la gente quiere su cucurucho y no se detienen a mirar si son de periódico o de papel de revista”.
Lamentablemente, la crisis económica impide a estos campesinos tener disponibilidad de papel para sus cucuruchos, así que para sobrevivir solo pueden reciclar el poco material que llega a sus manos. “Por lo pronto periódico, mañana veremos qué se encuentra”, dice Waldo mientras con un pequeño embudo de boca ancha va rellenando y luego sellando los cucuruchos.
A la pregunta de quiénes comercializan el producto, responde: “todos vendemos, cada uno agarra su parte y sale para el punto que le toca, al final venimos sin nada, eso no falla, lo vendemos todo”.
Entre sonrisas dice, “no le cuenten a nadie mi secreto que me acaban el negocio”, sigue sonriendo mientras agrega, “es broma, hay mar para todo el mundo y maní para el que quiera sembrarlo”.
Waldo tiene razón, la alta productividad de este grano no precisa de grandes extensiones de terreno y su comercialización está asegurada, si vive cerca del mar, ya sabe, el sabor también lo tiene garantizado.
Atrás
Comentarios
Publicar un comentario
- lolo
- 29 de marzo, 2010 10:17 pm (GMT-5:00)
- Hombre informele a Waldo que si existen maquinas para pelar el maní que no pase ese trabajo.
Saludos.
- Angel Chavarria Rodriguez MST-Bolivia.
- 29 de enero, 2010 6:56 am (GMT-5:00)
- lei cada parte de esta pagina, la verda que me impresiono bastante. por que el Manì es parte de la produccion y la cultura Boliviana en especial en el sur, donde la principal actividad es la produccion de este producto.
- Loida
- 2 de diciembre, 2009 9:23 pm (GMT-5:00)
- jugar con la realidad cubana no es bienvenido.
El comentario anterior solo puede provenir de un tonto.
- rizo
- 28 de noviembre, 2009 4:47 pm (GMT-5:00)
- Mani pa cogerlo vivo
- Guajiro
- 27 de noviembre, 2009 10:02 am (GMT-5:00)
- desde que no escuchaba hablar de una rastra.....
en los plantios de tabaco era donde mas se veia, un palo largo alado por nueyes, al que se le habian puesto barandas.
- Roxana
- 24 de noviembre, 2009 2:29 pm (GMT-5:00)
- buen articulo y buenos consejos
- rosa
- 23 de noviembre, 2009 10:08 pm (GMT-5:00)
- recien me doy cuenta de las marcas de sal que tiene los mani en suscascaras, adem\'as el agua de mar les deja crujientes
- soto
- 23 de noviembre, 2009 3:07 pm (GMT-5:00)
- cada vez los cucuruchos son mas chicos y cada vez traen menos granos.
pero siguen siendo un complemento para todos los cubanos.
no hay una vez que salgamaos del trabajo o la escuela queno busquemos con la vista al vendedor ambulante
- FICHU M
- 23 de noviembre, 2009 2:43 pm (GMT-5:00)
- NO HAY NADA COMO EL SABOR DEL MANI CUBANO. NO IMPORTA EN LO QUE ESTE EMBUELTO, AHORA MISMO ME TRAE A LA MENTE ESE SABOR.
Atrás
|
|
|
|