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El chiquero


En el poblado de Jovellanos, provincia de Matanzas, seis campesinos se presentaron en la delegación del Ministerio de Agricultura con una petición bien extraña.

Aprovechando la nueva política de entrega de tierras para la producción agropecuaria, ellos querían obtener tierras en usufructo, pero a nombre de los seis a la vez.

Los responsables de este tipo de operación en la dependencia del Ministerio de Agricultura accedieron a la petición cuando conocieron la naturaleza de la actividad a la que pretendían dedicarse. Estos campesinos no querían sembrar ni explotar la tierra, querían hacer un enorme chiquero, una porqueriza para que todos en el pueblo pudieran criar sus cerdos.

El espacio para la cría de animales de corral es muy difícil de garantizar en toda Cuba, en especial los cerdos. Las normas de higiene prohíben tener los animales en los patios de las casas urbanas. Los que tienen espacio para la crianza o terrenos donde se pueden dedicar a esta actividad necesitan garantizar una vigilancia constante puesto que el robo y el hurto de estos animales se suceden con gran incidencia.

En el propio pueblo de Jovellanos se han sancionado a muchas personas por criar cerdos en el medio de los campos de caña. Los dueños de los animales, buscando esconderlos de la vista pública, destruyen parcelas de cosechas en los centros de los campos de cultivo y se arriesgan a ser descubiertos y acusados ante los tribunales municipales.

Estas seis personas encontraron una magnífica solución al problema de la cría de cerdos. Han fabricado decenas de corrales, con facilidades para la limpieza y mantenimiento. Cobran por la renta de los espacios y entre los seis se turnan para ser los vigilantes del área. El área está concebida con una sola puerta de acceso y un corredor externo por todo su alrededor, una circunvalación que impide el acceso directo a los animales desde fuera.

Las rondas constantes permiten tener un vigilante permanente y se han especializado tanto en su función que desde hace seis meses no reportan incidentes de robos. La garantía fundamental está en que el cerdo que le roben lo tienen que reponer entre los seis.

La delegación del Ministerio de Agricultura está muy contenta con la función de estos seis campesinos, los funcionarios visitan el chiquero con frecuencia y ya les han propuesto extender las tierras en usufructo para hacer más corrales, puesto que la demanda es muy alta y tienen ocupados todos los espacios parcelados del chiquero.

A los campesinos les satisface la idea de crecer, pero necesitan que se les permita contratar mano de obra, puesto que no les alcanza el tiempo para la actividad. En espera de que el Ministerio del Trabajo les responda ya hacen planes para el nuevo terreno.

Han especializado su gestión y han logrado un resultado increíble. Sobre la marcha elaboraron un reglamento para los usuarios que permite el desarrollo de la actividad en forma segura.

Sus clientes están obligados a mantener limpio el espacio que utilizan, hay una fosa séptica donde se vierten los desechos, pero la limpieza corre a cargo de los clientes. La cuenta del gasto de agua y electricidad se reparte entre todos los clientes. Los animales deben estar vacunados y son revisados periódicamente por el veterinario del grupo. Los animales enfermos deben ser sacados de inmediato del local. En el centro del chiquero hay un área para sacrificio de animales, no se permite hacerlo dentro de los corrales. Los restos de alimentos deben ser removidos de los comederos cada dos días. Los compradores solo pueden entrar al chiquero acompañados de uno de los clientes. Al chiquero no entra nadie después de las ocho de la noche.

El cliente que no respete las reglas perderá el derecho a rentar su área y como la demanda es inmensa los responsables no dudan en tomar las medidas pertinentes con los incumplidores.

La experiencia de Jovellanos se está convirtiendo en un proyecto importante, ya hay varios poblados cercanos que imitan esta idea y es alta la posibilidad de que se extienda como una práctica a nivel nacional.

La inventiva de estos seis campesinos ha permitido la creación de una nueva forma de producción agropecuaria y se han convertido en una garantía para que todos los vecinos de Jovellanos puedan criar sus animales con tranquilidad.

Inventiva digna de celebrar y, ¿por qué no?, de imitar.

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OSO
11 de diciembre, 2009 11:20 am (GMT-5:00)
EL PROBLEMA QUE TIENEN QUE RESOLVER AHORA ES VER QUE COMIDA LE DAN A LOS CERDOS.
PORQUE SI NO HAY COMIDA PARA LAS PERSONAS IMAGINATE PARA LOS CERDOS

RAVEL
9 de diciembre, 2009 8:00 am (GMT-5:00)
Descubrieron el agua tibia, esos corrales habian existido en Cuba hasta que la ley porcina prohibio los ciraderos particulares, decian que por la fiebre africana.

Menos mal que retornan.

nancy m
8 de diciembre, 2009 10:44 am (GMT-5:00)
asi mismo es, es que cuando se te encarna una personita de estas es de madre
pero espero que sigan adelante que la solucion es buenisima.
un abrazo a todos los lectores de este sitio, me encanta.

Jovellanos
7 de diciembre, 2009 10:01 pm (GMT-5:00)
ahora tiene encarnado al jefe de secor de la policia, les dijo que ninguna persona menor de 30 podia trabajar en el chiquero.
asi comienzan a ahogar un buen invento, que importa que alguno tenga menos de 30 si al final el negocio funciona, se ganan sanamente su dinero y no le hacen mal a nadie

panfilo
7 de diciembre, 2009 3:36 pm (GMT-5:00)
SOLO ASI SE PODRA CRIAR UN CERDO EN MATAMZAS, PORQUE LA CRISIS ECONOMICA HA LLEVADO A QUE SE LO ROBEN TODO.

el pueblo
7 de diciembre, 2009 2:50 pm (GMT-5:00)
realmente se llama San Jose de Bemba.
el barrio donde se instalo el chiquero se conoce como bachichi.
es todo un exito el experimento

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