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Pepe, el Alambique


José Antonio Alfaro tiene cincuenta años de edad y cuatro caballerías de tierra que le dieron a su padre cuando la ley de reforma agraria, de la década de los 60. Desde entonces la vida de los Alfaro ha estado ligada a ese trozo de tierra.

Su padre le inculcó el amor al trabajo del campesino y el espíritu de consagración a las labores del campo. Cuando el viejo perdió las fuerzas por los años bajo el sol y la edad de sus huesos, José Antonio asumió la responsabilidad completa. Desde entonces se encuentra a cargo de todo, desde la más pequeña semilla hasta la mayor de las cosechas. José Antonio se ha entregado en cuerpo y alma a la tierra de su familia.

Pero esta entrega ha tenido sus pros y sus contras, no todo ha sido bueno para los Alfaro, además de las dificultades habituales que debe enfrentar todo trabajador agrícola cubano, José Antonio tiene sus problemas adicionales. Sus tierras logran un rendimiento superior al de muchos terrenos colindantes y esto obliga a los Alfaro a trabajar el doble, puesto que necesitan más horas en la cosecha, más envases para los productos y un mayor nivel de transporte.

José Antonio enfrenta estos nuevos retos sin preocupación pero hay uno que sí le ha complicado su vida, se trata de la merma, que es así como se definen a los productos que sufren daños o que no crecen lo suficiente como para ser comercializados. Con el aumento de la producción, la merma también se elevó a niveles preocupantes.

José Antonio aprovechó la experiencia de un vecino y entre ambos encontraron cómo aprovechar y sacar utilidad a la merma. Comenzaron a destilar alcohol natural a partir de la fermentación de estos subproductos. Al final del proceso lograba un líquido turbio y fuerte que vendía por litros a algunos bebedores no muy exigentes y que no protestaban por la calidad del licor que consumían.

Él nunca se detuvo a pensar en la legalidad de la nueva actividad, en cambio, gracias a la ayuda de su vecino, José Antonio se libró de las montañas malolientes de estos subproductos almacenados en el patio de su casa, ya no tenía que buscar con desespero cómo deshacerse de los frutos en descomposición. Pero su nuevo trabajo le provocaría nuevas complicaciones.

El primer problema que le trajo su nueva destilería fue el apodo que le dieron en todo el poblado, ahora le conocen como Pepe, el Alambique, al parecer sus vecinos necesitaban distinguirle del resto de los José Antonio de la zona y prefirieron apodarlo con el Pepe común y el nombre del instrumento principal con que destila su bebida, el Alambique.

Otra complicación fue que la casa de Pepe, el Alambique, perdió su privacidad, una fila constante de compradores llegaba a su puerta, algunos de ellos no eran personas de un buen comportamiento social, por lo que era común ver discusiones y enfrentamientos en el estrecho portal de su casa.

Pero el peor momento fue cuando la policía llegó a su casa. Esta actividad comercial está prohibida y constituye un delito penal, José Antonio fue multado por comercializar productos alcohólicos sin licencia, y por atentar contra la salud pública también. Sin saberlo José Antonio estaba asumiendo conductas perseguidas por la ley y poniendo en peligro la vida de sus clientes, puesto que este tipo de alcohol no reúne condiciones suficientes como para ser consumido por personas.

José Antonio fue multado y advertido oficialmente de abstenerse de comercializar su bebida porque la segunda vez será llevado ante los tribunales.

Entonces llegaron los funcionarios de la agricultura, cuando los vio en la puerta de su casa José Antonio sospechó que los problemas por la destilería no habían terminado, que ahora le tocaba responder ante los inspectores de toda la producción agrícola.

Pero se equivocaba, los funcionarios agrícolas, si bien estaban informados de lo sucedido no querían reprimir nuevamente al transgresor de la ley, por el contrario, querían encausar la gestión paralela de José Antonio, puesto que en definitiva, el líquido turbio elaborado por él, no era un licor de lujo pero si un buen combustible.

Los representantes de la agricultura le pidieron que siguiera produciendo el alcohol doméstico, pero con la condición de que les vendiera a ellos el total de la producción. Esta institución le va a pagar similares precios por litro que sus clientes de antes. Ellos lo utilizarían con fines industriales y además le aseguraron que le ayudarían a conocer técnicas de filtrado y refinado del producto para que su producción tuviera una mayor calidad.

Ahora la producción de alcohol de los Alfaro ha aumentado y es de mejor calidad, pero ya no les vende a los bebedores poco exigentes, aunque algunos insisten en la puerta de su casa. José Antonio les despide diciéndole que toda la producción se la llevan los de la agricultura, y les miente asegurándoles que el alcohol se liga con otros productos que le convierten en un veneno.

José Antonio nunca quiso dedicarse a la venta de bebidas, lo de él era lograr salir de la merma y ahora lo ha logrado sin cometer delito alguno. Muy a pesar de los bebedores que han perdido el suministrador principal y que, a su manera, han tomado por el cierre del suministro alternativo. Desde entonces y gracias a ellos, nadie se refiere a la familia como los Alfaro, su casa es y será siempre la de Pepe, el Alambique.


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fuego
5 de marzo, 2010 2:05 pm (GMT-5:00)
el estado siempre le habre fuego a todo el que venda algo.
no importa si tiene licencia o si es ilegal, pagan por igual ante la policia.
se les exige mas que si fieran asesinos.

historia
1 de marzo, 2010 8:34 am (GMT-5:00)
en la epoca de cosecha el guajiro cubano siempre destilo para el y ara los vecinos
lo que antes no era ilegal

CANTILLO
26 de febrero, 2010 2:03 pm (GMT-5:00)
A tomar chispa de tren, asi es como se llama lo que se hace en los alambiques
es malo pero es lo que hay

Pita
26 de febrero, 2010 11:18 am (GMT-5:00)
cuando la bebida es el unico divertimento y cuandoo los precios de la bebida que se vende en las tiendas es inalcanzable
entonces toca ponerse a inventar, a destilar, a tomar lo que aparezca

alcohol
25 de febrero, 2010 12:12 am (GMT-5:00)
muy bue articulo, almbiques hay en ada calle de cuba, a veces o que se toman es casi petroleo
deberia acabar de una vez

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