Saber enfrentar la realidad (Homosexualidad)
Ángela es una cubana, muy buena esposa y madre de dos hijos. Su esposo es perfecto para ella como compañero y amigo, pero que soluciona los problemas no razonando, sino con sus puños.
La sospecha de Ángela duró años de martirio silencioso. Era muy difícil afrontar la verdad. Sabía que se desataría en su hogar, el huracán más violento de su vida. Además, aparentemente todo estaba ‘bajo control’.
Desde muy niños, sus hijos fueron muy estudiosos. La mujercita es retrato de Ángela y el varón se parece físicamente al padre, de contextura fuerte y musculosa. Como algo natural, el papá se ocupó de Alex, le enseñó a jugar béisbol y otros deportes, también a conocer de instalaciones eléctricas y de mantenimiento del hogar. Con la popular divisa: ‘Mente sana en cuerpo sano’.
En la adolescencia, los hijos se becaron y comenzaron a independizarse. Alex pinta muy bien y quiso estudiar en la Escuela de Artes, pero su padre rechazó su idea: “Esos no son estudios para varones”, le dijo. Tampoco lo dejó incorporarse a clases de bailes o de teatro con la misma sentencia. “Mejor es la carrera militar para forjar a un hombre”, fue su argumento.
Ángela habló con su madre y sus hermanas, de que algo no iba bien con Alex. Era alegre pero por momentos se encerraba en sí mismo. “Así es la adolescencia”, le respondieron. Su suegra coincidió con ella. También había notado algo diferente en aquel muchacho. “Tal vez mi hijo tiene razón, lo tienes muy apegado a ti e imita tus gestos. Pero ahora tiene novia ¿verdad?”, le comentó la madre de su esposo.
¿Será o no será?, se cuestionaba Ángela. Su esposo se quejaba de la dulzura de Alex, de lo ‘blandito’ que se portaba ante situaciones extremas. Alex ‘lo sacaba de quicio’ cuando lo regañaba y el joven se quedaba mirándolo con esa media sonrisa, debiéndole: “hay papá, tu no me entiendes”, quitándose el pelo lacio de la frente ancha, con ademán femenino. Qué ganas de entrarle a golpes allí mismo, pensaba el padre y levantaba el puño, pero Ángela impedía la acción.
Los años se iban con rapidez, Alex terminó el primer expediente de su curso y llegó a la carrera de medicina militar, como médico especialista en vías respiratorias, que atendería a Ángela su asma bronquial.
Un día presentó a sus padres a uno de sus profesores universitarios, casi de su edad, muy educado y con grado de Mayor. La relación fluyó formal al principio y después muy familiar. Las salidas de los jóvenes juntos a fiestas y reuniones, no causó incomodidad a los padres.
Alex, casi estaba por finalizar sus estudios de medicina, cuando lo notificaron que debía dejar la carrera. Pero sus notas eran excelentes. No faltaba nunca a clases. Participaba en todas las tareas que le exigen. ¿Cuál es la razón de esta sin razón? La respuesta: Alex vivía con su profesor como pareja.
El huracán que Ángela presentía se desató con violencia. El padre expulsó al hijo de la casa: “Conmigo no puedes andar con mariconerías”, le dijo. Con el paso de los meses, gracias a la intervención familiar y a las respuestas a todas las interrogantes posibles se calmaron los ánimos, pero no hubo una total aceptación.
El joven, casi médico, explicó a sus padres que no estaba enfermo, que no había que consultar con sicólogos, siquiatras u otros especialistas, como ellos le aconsejaban. Su caso es el de muchos, que se esconden tras las apariencias, inclusive hasta con un matrimonio, para no afrontar su homosexualidad.
Alex contó a sus padres que desde pequeño se sintió diferente, que sus primeras relaciones homosexuales fueron en la adolescencia, pero que luchó para mantenerse acorde a lo establecido. Tuvo novias, sin sentir atracción por ellas. Descubrió su realidad sexual y desarrolló su preferencia cuando se independizó. Meses después se marchó al exterior para ‘limpiar’ a su familia de su presencia gay.
Ángela vive con un dolor muy grande en su corazón. Tal vez un día regrese su hijo, reza por ello, pero se pregunta: “¿He sido culpable por callar mis dudas tantos años? ¿Debí prevenir y arreglar su camino? ¿Existe alguna degeneración genética? Ella siente que el cielo le cayó encima, pero no está sola en el dilema. En el mundo entero algunos padres niegan esa realidad de sus hijos e hijas homosexuales, se enojan o se culpan, otros actúan como si no pasara nada, o alejan al hijo del hogar.
En Cuba, desde los años 90 se acepta la homosexualidad, pero persiste la homofobia. A pesar de las investigaciones internacionales, todavía no existe respuesta científica al homosexualismo.
El apoyo familiar es fundamental, para que los jóvenes homosexuales no se sientan reprimidos. Los hijos deben expresar a los padres sus sentimientos, no evadirlos, desahogarse y no buscar la soledad, porque podrían enfermarse.
La orientación sexual no se elige, ni se aprende, se siente aún cuando se trate de acallar su existencia. Las personas son felices y realizadas, cuando están en armonía consigo mismas y con el mundo que les rodea.
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Comentarios
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- bolek
- 2 de junio, 2009 11:22 am (GMT-5:00)
- Gracias por tocar este tema. Soy mujer y tengo una novia hace tres anos, somos muy felices y vivimos abiertamente nuestro amor. Vivo en Miami. No tengo ningun problema, soy una mujer realizada. Lo que mas deseo para mi gente gay de Cuba es que puedan vivir como yo, asi como deseo que las otras personas que no son gay, vivan una vida llena de amor, sin miedo y con tolerancia hacia lo que es diferente a ellos, sin juzgar a los demas, sin creerse duenos de \"la verdad\".Mis padres viven en Cuba, yo en Miami, ambos me aman y han aceptado mi vida con respeto. Tomo tiempo para mi papa, pero el puso su amor de padre y su sentido humano por sobre todos los prejuicios y miedos.
Padres, madres, si tu hijo/a es gay, apoyalo, amalo, es tan real y perfecto como tu. Deseo que el hijo de Angela tenga paz con sus padres y ellos con el. Gracias.
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