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La igualdad que falta por conquistar


La indagación de los aportes de la mujer cubana al país y a la lucha por conseguir la equidad dentro de la sociedad civil debe realizarse sobre rigurosas premisas históricas. Una de estas, la difícil situación socioeconómica de la isla a comienzos del siglo XX, transformó abruptamente la participación femenina en la vida social.

La Guerra del 95 dejó cientos de miles de muertos (en su gran mayoría hombres). A consecuencia de esto, un gran número de mujeres, viudas y empobrecidas, se vieron obligadas a iniciar trabajos por cuenta propia y, en muchos casos, tuvieron que convertir sus hogares en dulcerías, talleres de costura o escuelitas de barrio; con el pago de su labor, lograron sobrevivir y alimentaron a sus familias. Otras, en cambio, buscaron la solución de sus apremiantes necesidades económicas fuera del hogar: en los servicios de sanidad, en las labores agrícolas y en las fábricas (donde, por lo general, solo trabajaban hombres antes del conflicto bélico). Las que contaban con mayores recursos encausaron sus aspiraciones hacia el magisterio u otras profesiones.

Muy pronto, las mujeres empezaron a promover la lucha por la equidad. Crearon clubes en pro de sus derechos civiles y laborales y demandaron la conquista del sufragio y el divorcio. Las cubanas fueron las primeras en América Latina en lograr que se aprobara la Ley de la patria potestad, en 1917, y al año siguiente, la Ley del divorcio. Luego se firmó la ley que autorizó el derecho femenino al sufragio.

Cuando la Constitución de 1940 proclamó la igualdad de sexo, raza y clase social, también reguló la protección de la maternidad de las obreras y empleadas, sin establecer diferencias entre solteras y casadas. Durante las elecciones de 1944, algunas mujeres fueron candidatas de diferentes partidos políticos.

Al concluir los enfrentamientos en 1959, el panorama era muy similar al que se dio cuando concluyó la Guerra Chiquita en 1898. Aunque el saldo de muertes fue menor, existía una crisis socioeconómica que demandaba cambios urgentes. En 1960, se creó la Federación de Mujeres Cubanas que, desde entonces, ha tenido, entre sus objetivos esenciales, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres y la incorporación plena de la población femenina en todas las esferas la vida social.

Sin embargo, casi medio siglo después, la realidad de la mujer en la sociedad cubana es contradictoria. A pesar de incuestionables logros (entre otros, cabe mencionar que el crecimiento de la población femenina económicamente activa fue del 22,4% entre 1970 y 1990, el hecho de que un 35% de los dirigentes sean mujeres y que ellas representen el 66% de la fuerza técnica profesional de nivel medio y superior), las mujeres siguen padeciendo severas limitaciones. Hoy día, las cubanas deben enfrentar la falta de recursos y de artículos de primera necesidad, como las medicinas y las herramientas de trabajo, las dificultades de transporte, de agua potable y electricidad.

Durante años, la producción agrícola ha sufrido el impacto negativo de la emigración campesina hacia las ciudades y de las malas cosechas por la escasez de semillas o de productos para combatir las plagas y fertilizar los cultivos. Hasta hace poco, se legalizó el alquiler de tierras estatales en desuso para que sean cultivadas por pequeños agricultores. La combinación de todos esos factores brinda a las mujeres que viven en las áreas rurales un momento propicio para que se organicen y formen pequeñas cooperativas independientes con el fin de trabajar la tierra. El producto de su labor no solo aliviará las necesidades alimentarias de su gente, sino también mejorará su economía familiar.

En años recientes, las mujeres han tenido que ofrecer muy variadas soluciones a disímiles problemas. Durante el período especial, muchas se mudaron a lugares cercanos de sus centros laborales debido a las graves dificultades que atravesaba el sistema de transporte público. Otras retomaron la fórmula de trabajar por cuenta propia en sus hogares. A partir de esa etapa, el número de trabajadoras por cuenta propia ha crecido.

Las dificultades actuales proponen a las mujeres nuevos retos en su doble condición de ama de casa y trabajadora. La manera en que los enfrenten propiciará transformaciones sustanciales en cuanto a su presencia y aporte a la vida social cubana, haciéndolas cada vez más independientes y con más derechos.


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