La mujer y el cine cubano de los 60
Antes de la fundación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) el 24 de marzo de 1959, el cine cubano trató los personajes femeninos de manera muy esquemática y superficial. El debate marginalización versus emancipación, no existÃa.
La mujer cubana ocupaba en la sociedad lugares bien establecidos: eran esposas y madres y, en oposición, prostitutas, y otras pocas que se apartaban de esos cánones. Su reflejo en las pantallas respondió exactamente a esa idealización y dejó a un lado a aquéllas que por su capacidad intelectual, su educación o sus aspiraciones, pretendÃan desempeñar roles más activos socialmente. La mujer cubana, después, no estuvo aislada de los nuevos cambios sociales en los cuales, tiene un activo desempeño económico social.
Es, sin embargo, el personaje que con más facilidad accede a las pantallas porque, a pesar de las caracterÃsticas machistas de la sociedad, es mucho menos traumático incorporarla al proceso revolucionario acompañada de una nueva visión oficial, determinada inclusive por leyes que significan un cambio radical.
Ejemplo de lo antes expuesto se puede observar en filmes como Manuela, Tulipa, LucÃa. En estos filmes los realizadores perfilan al acabado de los personajes, su hondura psicológica, con mayor verosimilitud en su inserción en la historia narrada. En estos guiones se advierte la voluntad de expresar que es efectivo el cambio radical propuesto por los teóricos de la liberación.
Asà en Manuela (1966), un filme donde la acción ocurre en los últimos meses de la lucha insurreccional en la Sierra Maestra. La participación de Manuela en la lucha armada, asà como el romance que mantiene con un guerrillero, hace de ella una mujer diferente, rompiendo con el estereotipo que se tenÃa de la mujer, tomando fuerza la conciencia de lo que debe ser una mujer cubana.
Durante este perÃodo, el cine cubano personificó a las mujeres cubanas principalmente como heroÃnas revolucionarias cuyo enfoque principal era el de relatar historias sociales en términos materialistas, y en particular, la igualdad laborista.
Una obra cumbre, LucÃa (1968), expone en tres perÃodos históricos la participación de la mujer con una magnitud y una fuerza nunca antes otorgada.
Partiendo, como casi siempre, de historias amorosas, las protagonistas están ubicadas en circunstancias que las precipitan a la toma de decisiones y donde el amor pasa a un segundo plano. Quedan asà expuestas en su mayor desnudez, sin protección paternalista, enfrentadas a sà mismas y a aquello en que la vida las ha convertido.
Los filmes aquà seleccionados tienen la ventaja de ofrecernos no ‘una imagen’ de la mujer cubana, sino revelarlas en las múltiples tensiones que originan su participación en cualquier zona del proceso social.
En las siguientes décadas, 1980, 1990 hay un retraso real frente a la realidad cubana, fruto del menor dinamismo social y del agotamiento de los directores de la década de 1960, que sienten la necesidad de una labor crÃtica, empujados por los nuevos realizadores.
El cine cubano es un cine genuino, de una sociedad distintiva en la cual las mujeres cubanas, como mujeres en cualquier otra sociedad, todavÃa luchan contra el patriarcado y las relaciones de poder de género, las mujeres no han sido representadas de modo explotador o deshumanizado, pero aún se mantiene la problemática social en torno a la emancipación.
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