Los jóvenes y la motivación profesional
La caracterización de la motivación profesional y sus niveles de desarrollo en jóvenes estudiantes, constituye una línea de preocupación y debate que ha cobrado especial interés en Cuba y a la que han dedicado sus esfuerzos numerosos investigadores.
El desarrollo de la individualidad es premisa indispensable para el desarrollo de la sociedad. Solo cuando el hombre se siente motivado por la actividad que realiza, y capacitado para ella, puede ser realmente productivo y creativo. No obstante, esta aspiración social de manera general, no está al margen de la necesaria selectividad en el ingreso a la Educación Superior.
Al desarrollo de la motivación hacia las diferentes profesiones que desempeñarán los jóvenes en el futuro, se encuentran indisolublemente unidos algunos aspectos esenciales de cuestionamiento para los padres, educadores, especialistas y población en general, incluyendo los propios jóvenes:
¿Poseen nuestros jóvenes de la Enseñanza Media Superior suficiente información acerca de las diferentes carreras universitarias o de nivel de técnico medio que pueden cursar, llegado el momento de efectuar la elección de la especialidad?
¿Los jóvenes poseen aspiraciones profesionales precisas y bien fundamentadas aún cuando hayan obtenido la carrera de su agrado?
¿La carrera que se le otorgó al joven era realmente la deseada por él?
¿La organización y desarrollo del proceso docente-educativo, durante los estudios universitarios, contribuye a estimular la motivación profesional en los jóvenes, o provoca estancamiento y/o involución en este sentido?
¿Qué papel desempeñan los profesores en este proceso motivador?
Los jóvenes se cuestionan si una vez materializado el sueño de la carrera otorgada, ésta va a cumplir con sus expectativas; si después de graduado será bien remunerado económicamente, y si van a poder ejercer la profesión que escogieron después de estudiar tanto.
Los estudios hechos sobre el tema, en Cuba, plantean que: la motivación profesional no es un producto automático de maduración, sino consecuencia de múltiples funciones educativas y de las formas en que éstas han sido asimiladas por la personalidad del joven en cuestión.
El desarrollo de la motivación profesional es un proceso imbricado esencialmente en la familia, la escuela, y la sociedad en general, ésta última ejerce una influencia directa a través de la prensa y los medios de comunicación audiovisuales, y de la valoración social de las diferentes profesiones, que se forma a través de la opinión pública.
Los padres y demás familiares no siempre poseen lo orientación adecuada para desarrollar y/o estimular la motivación profesional en los jóvenes. La escuela, por su parte como institución, no debe solo instruir sino también educar y trabajar en función del desarrollo de las habilidades e intereses, a través del profesor, que es el principal orientador profesional.
Según el destacado sociólogo Fernando. García Ibarra, la motivación humana no se reduce al estado dinámico que estimula de forma inmediata el comportamiento, sobre la base de la vivencia de la necesidad.
El potencial dinámico de la motivación se asocia en las motivaciones esenciales del hombre, a un contenido relevante para el sujeto, estructurado en forma de conceptos, reflexiones y valoraciones, portadoras de una carga emocional, sobre las que el sujeto organiza y expresa todo el potencial emocional de su motivo.
García cita: “La selección de una carrera es verdaderamente acertada solo cuando está conjugada con una selección socio-moral, con reflexiones acerca del sentido de la vida y de la naturaleza del propio ‘yo’. El carácter amorfo y global inicial de la selección se elimina (...) a medida que se concentra y se orienta hacia la actividad real. Pero esta orientación es únicamente una etapa del desarrollo. Después que la selección está hecha y comprobada en la práctica, comienza un nuevo nivel de reflexión, cuando la carrera adquirida y la posición social propia se valoran a la luz de los criterios socio-morales”.
Un factor decisivo entonces para el funcionamiento adecuado de la sociedad y que constituye el cimiento del desarrollo de la realidad cubana, es la asunción individualizada y personalizada de cada cubano, de los principios que sustentan como nación. No olvidar que los valores primordiales del proyecto social, los de identidad, soberanía y justicia social, sólo serán elementos que los distingan, si pasan a formar parte de la subjetividad de cada cubano.
Este propósito se convierte en el objetivo fundamental de la formación de los egresados de las universidades, donde todos los esfuerzos deberán encaminarse a lograr que los jóvenes graduados, conjuguen en su desempeño como especialistas en diferentes ramas, un elevado profesionalismo con el compromiso social dirigido a la solución de los problemas y tareas que se presentan en la construcción de la sociedad.
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