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Organizarse: palabra de orden en la integración racial
El actual gobierno cubano asegura que ha eliminado por completo la discriminación contra la población blanca de la sociedad, y la realidad es que ese numeroso grupo de negros y mulatos recibieron ciertas mejorías a nivel de educación, trabajo y otros aspectos sociales con el triunfo de la revolución en 1959.
Sin embargo, a cambio de esos beneficios, perdieron la posibilidad de agruparse públicamente, de aspirar al poder político de manera seria y, a comienzos del proceso revolucionario, se vieron obligados a esconder sus creencias religiosas para poder ascender dentro de la escala social revolucionaria.
Durante los últimos 50 años, el tema del negro y sus aspiraciones quedó olvidado. Acerca de este punto, en su ensayo Relaciones raciales en Cuba, el historiador Juan Antonio Alvarado afirma: “La realidad concreta fue que el problema racial desapareció tanto de la polémica pública como de los planes de investigación social. De esa manera se convirtió en un área prácticamente inexplorada en los años de revolución”.
Un viejo proverbio africano dice que: “Cuando no sepas adónde vas, vuélvete a ver de dónde vienes”, y si repasamos el devenir de esta problemática de la sociedad civil cubana, tenemos que recordar al movimiento de los independientes de color con sus peticiones y programa.
Los independientes de color representaron la respuesta organizada y coherente de los negros y mulatos que pelearon en la guerra de independencia contra España frente a la exclusión social de que fueron víctimas por parte de la naciente república.
Los independientes de color elaboraron una de las plataformas políticas de reivindicaciones sociales más avanzada de aquellos primeros años republicanos. Sus temas principales eran: derechos obreros y ciudadanos, nacionalismo, instrucción pública y jurídica y la problemática de la tierra y los campesinos.
Veamos los puntos básicos que defendía este movimiento:
1. Repatriación, por cuenta del Estado, de todos los cubanos que quisieran volver al país y carecieran de medios para hacerlo.
2. Revisión de los expedientes de propiedad hechos efectivos durante la primera intervención norteamericana
3. Nacionalización del trabajo, mediante una ley que garantizara la admisión de cubanos con preferencia a los extranjeros.
4. Distribución en colonias de las tierras del Estado, o de las que se adquieran para este fin, entre los que carecieran de recursos.
5. Leyes para regular el trabajo infantil.
6. Seguros contra accidentes del trabajo.
7. Creación de la escuela naval y militar.
8. Enseñanza gratuita y obligatoria, incluyendo la gratuidad en la universidad.
9. Inmigración no selectiva, para frenar los intentos de blanquear el país.
10. Jurados constituidos por ciudadanos de ambas razas.
11. Oposición a la pena de muerte, pues estimaban que los negros eran las principales víctimas, ya que los blancos tenían muchas más oportunidades de que se les conmutara la condena.
12. Reforma penal para crear verdaderas instituciones correccionales que les enseñaran a los presos un oficio y favorecieran su reintegración a la sociedad (la mayoría de las personas que iban a prisión eran pobres y analfabetas).
13. Tribunales de trabajo para mediar en las disputas entre el capital y el trabajo.
14. El nombramiento de ciudadanos de color en el cuerpo diplomático.
Las demandas que solicitaba el Partido Independiente de Color no solo pretendían beneficiar a negros y mulatos, sino a todos los sectores del país, y en sus planteamientos nunca estuvo la creación de una república dirigida solo por negros. El acta constitutiva del partido revela cuáles eran sus intenciones: “La raza negra tiene derecho a intervenir en el gobierno del país, no con el fin de gobernar a nadie, sino con el propósito de que se nos gobierne bien y llevar a la práctica una era de paz moral para todos los cubanos”.
Y es que para la conformación de una verdadera democracia, donde todos los actores de la nación cubana tengan un sitio, resulta imperativo encontrar formas de incluir a la población no blanca cubana.
El periodista y escritor Luis Aguilar León, en su ensayo Cuba, conciencia y revolución, se preguntaba: “¿Cómo podrá funcionar, ni ahora ni nunca, el delicado organismo democrático si hay una enorme cantidad de compatriotas nominales que no ven en dicho organismo el medio idóneo para satisfacer añejas y legítimas aspiraciones?”.
¿Cómo solucionará la sociedad cubana un problema que arrastra años de incomprensión? ¿Podemos pensar en la acción afirmativa que utilizaron en los Estados Unidos o retomar algunos de los puntos del Partido Independiente de Color? ¿Cuáles son las vías expeditas que debe transitar la sociedad civil para reivindicar los derechos de la población no blanca?
Sin dudas, el problema representa una encrucijada nacional donde blancos y negros deben aportar soluciones, y el primer paso para comenzar a resolver esta situación es que la población no blanca comience a organizarse en grupos y sociedades, junto a los blancos que entiendan la raíz de esta problemática.
Porque en Cuba, como afirma Enrique Patterson en su ensayo Cuba: la nación a la luz de las transiciones, “el factor étnico funcionará como el eterno desestabilizador e impedimento para alcanzar el estatus de nación, o algo menos ambicioso, la estabilidad social”.
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